martes, 22 de febrero de 2011

Introducción

Desde hace un tiempo supe que mi problema es que no escribo nunca, pero cuando escribo, escribo mucho. Demasiado. Caleta. Un montón. Harto. Y siempre hago eso; repito palabras, busco sinónimos, digo cosas una y otra vez con el único objeto de recalcar una idea, de hacerla más potente a punta de repetición. Es una forma de expresión. Es un estilo, ¿cachai? Es mi onda. La onda del weón literato, la onda del compadre que escribe porque le gusta, porque en realidad, mientras escribe el weón piensa y al final es como si estuviera hablando consigo mismo o con otra persona, idealmente una mina, sentados en un café, una tarima, una mesa de un restaurant, un auto o la weá que sea, y ella te mira con cara de puta el weón inteligente, a este weón de más que me lo culeo, si tiene cualquier onda. No es muy lindo, pero tiene un gancho extra. No sé tampoco si lo tendrá muy largo, no creo, usualmente estos weones son tan como tímidos, inseguros y exquisitamente interesantes no vienen muy bien equipados; de ahí parte de su inseguridad. Demasiada paja y película porno, demasiada serie, “Los Años Maravillosos”, "Beverly Hills 90210", la mierda que sea, con weones lindos y pichulones que se agarran a todas las minas ricas a punta de pura onda. Bueno, mi onda es la onda de un weón loser, es verdad; la onda del weón que busca justificaciones para verse más bacán, a pesar de que nunca lo ha sido. El weón que tiene ideas medio cuáticas, que tiene una visión distinta de la vida, que ha sufrido, que le han partido el corazón, que le han dado patadas en los cocos millonadas de veces y que lo han abofeteado, real e imaginariamente, otras cuantas. Pero no es una más que fachada, algo inventado, premeditado, porque finalmente uno es la misma weá que un montón de otros compadres que andan más o menos en la misma. Entonces le dirá a esta mina, cachái que yo no soy como cualquier otro weón sensible y multitalentoso, no, no, no, soy mucho más que eso. Porque tú cachái que a los weones que son talentosos, medio artistas, hippies, pirujas, como lo llames; esos weones disfrutan con una buena escultura, se cagan con una buena foto, se mean con una canción pulenta y tienen orgasmos con un buen poema. Pero de lo demás, ni hablar poh, no seái desubicado. ¿Fútbol? Ándate a la mierda. Si quiero hacer deporte, voy a hacer gimnasia artística, expresión corporal, algo con onda, con estilo, ¿cachai? Me voy a comprar una cleta urbana de segunda o tercera mano, la pinto verde, le pongo un foco y salgo a weviar a todos lados en ella. Si soy un ondero con lucas me podré solventar un casco con estilo de esos que venden en las tiendas chic, unas weás forradas con sombreros a cuadros que tienen toda la onda que necesitas para andar por la calle con tu cleta estilosa. Pero ni cagando me voy a ir a meter a un complejo deportivo o la weá que sea, ponerme shorts y una polera XL y empezar a correr detrás de una pelota como los weones. Y ni hablar de ver esa weá por la televisión. Ni siquiera tengo tele. Esa weá es pa’ tontos. Quizás, podría admitir que me dejé llevar por la onda del running, que actualmente la está llevando con cuática, y que me introduzco en un buzo Adidas, me coloco mi I Pod amarrado al brazo y salgo a dar vueltas por la calle como la gente linda o la gente gorda (no hay intermedios). Yo soy, evidentemente, parte de la gente linda; de los que sale para mantenerse bella, no de los que salen para tratar de dejar de parecer morsas. Pero tampoco troto muy rápido porque eso ya es como ir a jugar a la pelota. Hay algo en la competencia deportiva que encuentro de muy poco gusto. Es como las competencias de gallitos que promueven los camioneros. No hay nada de menor gusto que eso.

Pero bueno, ya nuevamente me fui por las ramas. La weá es que soy un weón sensible, pero a la vez deportista. Y no sé por qué siempre las conversaciones terminan centrándose en mí, incluso las que tengo conmigo mismo. Ahora se me ocurre que un weón con onda lo que hace, en realidad, es buscar un deporte alternativo, digamos, el trekking, o el montañismo. Algo que le permita ponerse en contacto con la naturaleza, conocer las maravillas del mundo, empaparse de esa belleza sobrenatural que existe en todo aquello que está mediana o totalmente inexplorado. Ahora, un weón con onda, y con muchas lucas, se dedica al polo, al tenis, o mejor aún, a navegar veleros por todo el mundo. Y si resulta que el loco ama la vida por sobre todas las cosas, tanto que está dispuesto a arriesgarla por un momento de adrenalina, y tiene pero toda, toda la onda del mundo, ese weón (bacán) está destinado a practicar surf, paracaidismo, alas delta, snowboard, en fin, cualquier weá que tenga como apellido una “x”.

Pero no era mi intención hablar de los deportes ni de nada de esto, ya me puse a divagar de nuevo. Divago tanto que a veces pierdo el punto de lo que quería decir. Y por eso la gente pierde la atención rápidamente y nada me resulta. No quiero hablar de mí mismo, ni quiero hablar de los deportes, ni quiero hacer estas críticas de Revista del Sábado donde se describe al macho alfa, al macho beta, a los adolescentes del siglo XXI, a la generación msn o cualquier otro grupo que se inventen los sociólogos, sicólogos o quien se interese en pensar y escribir sobre esas cosas. No soy tanarrogante como para pensar que puedo clasificar y desclasificar a los seres humanos en ciertas categorías precisas y absolutas, y achacarles características objetivas, evidentes e ineludibles. No quiero analizar a todas las especies de seres humanos que pueblan la Tierra. Esto es sólo un ejercicio. Esto es sólo un intento de sacar de mi cabeza tantas cosas que de repente se me ocurren y que nadie sabe que pienso, no porque yo no quiera hablar de eso, o me dé miedo, o vergüenza, sino simplemente porque no tengo el foro como para poder decirlas. Cuando habla de esta forma suena inmediatamente arrogante y sí, quizás lo sea. Quizás confunda la seguridad con la arrogancia, o quizás siempre haya un poco de ésta en la primera. No me importa mucho. Estará ahí para quien quiera mirarlo. Y trataré de ser –aunque difícilmente lo consiga- lo más breve y conciso posible.

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