Me molestan los periodistas. Es lo único que diré. Porque su trabajo consiste en informar, pero de un tiempo a esta parte se ha transformado en opinar.
Todo el mundo tiene derecho a tener una opinión. Todo el mundo tiene derecho a expresarla. Los periodistas tienen derecho a tener una "línea editorial". Pero, para opinar, hay que saber. Hay que ponderar. Hay que hacerse cargo de la realidad. No saco nada con decir, "cómo puede ser que dejen libres a los de La Polar, este país no tiene remedio". Habrá que informar a la gente que la prisión preventiva es una medida cautelar personal que sólo procede en circunstancias puntuales, y cuya aplicación o no aplicación no implica un prejuzgamiento por parte del tribunal. No saco nada con decir "y estos delincuentes que irrumpen en las barras, ¿qué hace la autoridad que no los castiga? ¡Incompetentes!". Habrá que explicar que la ley de violencia en los estadios requiere de la introducción de evidencia en juicio que muchas veces no puede obtenerse, dado que simplemente no existe: se toma detenida a una persona por desórdenes, y la única evidencia en contra del sujeto es el testimonio del carabinero. Habrá que señalar que lo mismo ocurre en las protestas; por eso todas las detenciones de manifestantes son declaradas ilegales, pues no hay evidencia de qué estaban haciendo esos sujetos cuando los tomaron detenidos. Y habrá que opinar, quizás, que Carabineros debiese utilizar sistemas de grabación, para evitar que eso pase, y que le saquen la cresta a cabros que efectivamente sólo circulaban o participaban pacíficamente.
¿Qué pasó con el periodista de "Informe Especial" o el de "Contacto"? ¿Ese que investigaba sobre un tema y recopilaba información hasta ser capaz de mostrar una realidad en toda su dimensión, dejando que otros opinaran? ¿Ese que no se creía los cuentos que todo el mundo inventa para manipular la opinión pública, y mostraba los hechos tal como eran? ¿El que no se quedaba en la pancarta?
Parece que hubiera desaparecido, desalojado por esos "periodistas" que juran que se las saben todas, que juran que pueden hacer el trabajo de cualquiera, que son capaces de opinar de cualquier cosa en un noticiero, en un programa de radio, en un matinal, en un "late show" de televisión. Y no tiene nada de malo opinar. No tiene nada de malo equivocarse. Pero cuando se equivoca frente a millones de personas, que a la vez salen a la calle y la plaza de Facebook y Twitter a contar la misma estupidez que el otro comentó, tenemos un problema. Como el que informó que un sujeto que "casi mató a otro" sería formalizado por "cuasidelito de homicidio". Como el que dijo que cierto fulano "renunció", cuando en realidad "no va a repostular".
Nadie se da cuenta, en todo caso. Ganan pantalla por irreverentes, por divertidos. No por inteligentes. Aunque todos los burros piensen que lo son.
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