Twitter es fuente inacabable de evidencia de que los chilenos, más que otros países, forjan sus opiniones sobre la base de asunciones incomprobables -más bien, "tincadas". Que oyen a uno de los sujetos llamados a "crear opinión" -los mal llamados "periodistas", los opinólogos sociales, los conductores de matinales- y generan un auto convencimiento de nociones y conceptos que, en realidad, no tienen ningún sustento en la realidad.
De esta forma, cuando cuatro dementes decidieron descargar su descontrolada e incomprensible ira en contra de un pobre muchacho -que resultó ser, además, homosexual-, provocándole, consecuentemente, la muerte, todos comenzaron a repetir que era culpa del país, que era culpa de todos, que todos somos responsables. Culpa de una nación que no respeta la diversidad, a las minorías, a los homosexuales. Culpa del judío de Hinzpeter, dijeron varios, en un ejercicio que resultó, a lo menos, llamativo. Empezaron a pronunciar su nombre, "Zamudio, Zamudio", con esa sutil locura que aparece tan bien retratada en "Fight Club", cuando los dudosamente cuerdos participantes del club comienzan a decir "His name is Robert Paulsen", enfrentados a la primera muerte de un miembro de eso que ya era una especie de congregación.
Y así surge este rumor -descontrolado, por lo demás- de que hay una especie de tabla sagrada que habría evitado que todo esto sucediera; que tiene el poder mágico de convertir a las criaturas y concebir en ellos la semilla del respeto, la aceptación y la fraternidad. Ese libelo expiatorio ha sido denominado "LEY ANTIDISCRIMINACIÓN". Sí, como lo leen. Una ley que prevendrá cualquier signo de intolerancia en el país, que tendrá el poder sagrado de transformar las costumbres más arraigadas del pueblo de un sopetón. Una ley que, de haber estado vigente, habría impedido que esos cuatro salvajes le rompieran las piernas y le lanzaran una y otra vez una roca en la cabeza al pobre Zamudio, hasta provocarle lesiones irrecuperables.
Pero, contra toda lógica, esta ley, aún un proyecto en discusión, NO HA SIDO APROBADA. No estaba vigente. ¿Y a que no adivinan por culpa de quién? Por supuesto, por culpa de esos ladrones de la Patria que se alojan en la sección diestra del ámbito político. Los enemigos del Pueblo. Los perpetuadores de la Tiranía. Los Inquisidores. Ellos, que son anti-gay, obviamente no aprobarán un proyecto que les otorgue alguna clase de derecho, aunque sea el derecho a ser respetados.
Y claro, la ciudadanía se espanta. Pero cómo puede ser que estos infelices no hayan aprobado una ley que, de haber estado vigente, habría prevenido el trágico desenlace del pobre Daniel. Queremos ley antidiscriminación AHORA, repiten, emulando al muchacho que dejó el alma en un Mc Donalds exigiendo su cuarto de libra con queso. Es más, le llamaremos "Ley Zamudio", para que todos lo recuerden, porque ahora que murió, tiene derecho a ser conocido por su verdadero nombre, tal como Robert Paulsen, ese sujeto antes anónimo, discriminado y deprimido a causa de sus tetas gigantes. La derecha es la culpable. La UDI es la culpable. Los nombres de los senadores que rechazaron el artículo 2 del proyecto circulan por las redes sociales como un manifiesto de excomulgación. "Wanted", se puede leer abajo de las fotos de cada uno. Oye, pero, ¿qué es el artículo 2? ¡Es el artículo que habla de los gays!, responden. ¿Y qué hace el proyecto? ¡Prohíbe la discriminación, obvio! Ah...
Son tan pocos, incluso de aquéllos que son los llamados a liderar la opinión, los que se toman el tiempo de investigar, buscar el boletín de la ley (3815) y leerla, que provoca un estremecimiento. Cómo unos cuantos pueden generar una estampida de las masas, sin siquiera esforzarse demasiado. Cómo pueden crear una visión tan parcializada y manipulada de la realidad y ser exitosos en su intento, con tanta facilidad. No hablo de atacar a la UDI -aunque claramente era una motivación importante-, sino de crear un ser mitológico sobre la base de una simple idea, sumado a un sentimiento de indignación.
Un proyecto de ley que, a lo más, crea un recurso judicial para poder reclamar de discriminación arbitraria al buscar trabajo, o al perderlo, y que se viene a sumar al amparo laboral, al recurso de protección, a la inaplicabilidad, a las acciones de la ley del consumidor, que ya existen para el mismo efecto. Que, en materia penal, establece una agravante: cometer delitos por motivaciones discriminatorias -motivación, que, por lo demás, será prácticamente imposible de probar, salvo en casos en que sea absolutamente manifiesta. Que abre la brecha para no poder discriminar por apariencia física, lo cual podría derivar en el absurdo de no poder elegir una pareja sobre esa base. Que deniega la posibilidad de discriminar en ámbitos donde la discriminación es común y legítima, pero que lo permite en todos los ámbitos donde sí puede tener un impacto social relevante (incluyendo cuando se aloja en la libertad de expresión). Que, en ningún caso, ni en el más remoto de ellos, habría impedido que estos cuatro desalmados le dieran la golpiza de su vida al pobre Zamudio porque, según ellos, "les dio jugo".
Hay una expresión inglesa para los que hablan sin saber: consiste en apuntarse el trasero y señalar: "You're talking from here". Hoy todos tienen una opinión, y exigen que se les respete -sin conceder el mismo tratamiento a sus contrapartes, claramente. Opiniones que nacen de tincadas, de rumores, de conversaciones ajenas. ¿Estupidez? Ojalá no. ¿Mala educación? Probablemente. Pero está claro que no hace falta tener un doctorado en Harvard para tener una opinión válida e informada... Si es que ambas cosas pueden considerarse por separado.
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Excelente, sublime...!
ResponderEliminarGracias por tu comentario.
EliminarProbablemente gran parte de las personas que conforman la "opinión pública", no habrían terminado de leer este artículo.
ResponderEliminarMuchas gracias por darte el tiempo de leer entonces... Y por tu comentario.
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